*Por Hugo Vélez Astacio*
Al iniciar a pensar para conocer y planear lo que voy a escribir sobre esta bella pero breve vida, no descarto encontrarme con la presencia de la hostil horrible y horrorosa fea guerra, de cuyo asunto no quiero acordarme.
El hombre por naturaleza aspira la guía de la suprema esperanza con dulce consciencia, al lado tener una mujer para vivir, y disfrutar con nobleza lo más excelso y mejor de las virtudes. El hombre por naturaleza aspira la guía de la suprema esperanza con dulce placer, al lado tener una mujer para vivir, y disfrutar con nobleza lo más excelso y mejor de las virtudes.
Pero la realidad nos aclara que navegar el azul primoroso en el inmenso mar su solemnidad de remar con tranquilidad y placer, uno siempre estar sujeto a sufrir calamidades y tormentas de sus embrabecidasolas.
La angustia en su desesperación de eso feo y terrible, que yo no quiero acordarme, como Quijote ante su caminante y andariego Sancho, le exclama: “Adelante, que si ruge, así como clama, eso significa Que avanzamos.
Si bien hemos de pensar bien y con serenidad, el navegar hacia el lograr la conquista del alma, es bajo la esperanza y el fresco de pronto tener en nosotros la fragancia de la verde tierra, en busca del blanco azul cielo. ¡Oh mujer soñada, que ante tu santuario con amor nos arrodillamos!
Ya el grande Víctor Hugo al cantar exclamó, que como mujer eres sublime de los mejores ideales.
¡Oh sublime virtud, que endulzas mi sentir, no importando tener y padecer de diabetes, tú eres bella, y yo pienso en lo divino!
De ese asunto confieso si quiero acordarme.
¡Oh sublime virtud, que endulzas mi sentir, no importando tener y padecer de diabetes, tu eres bella, y yo pienso en lo divino!