Por Hugo Vélez Astacio
En escrito anterior sobre importancia del libro dimos a conocer su Valía. En esta oportunidad nos referiremos a lo sublime y fabulosos que ciertas obras han sido objeto de estudios, y han logrado modificar la existencia del vivir. Existen personajes cuya genialidad en dichas obras han sido tan maravillosos sus obras, que han logrado consagrarse en la raza y la lengua, manteniéndose en los tiempos, dada la genialidad de sus intelectualidades que lograron modificar el sentimiento del centro y principio del mundo.
Personajes intelectuales de tal genialidad, que bien pudieron crear y unificar la existencia de la obra sin necesidad de mencionar su vastas otras obras. A continuación, nos referimos a Rubén Darío de su Cantos de Vida y Esperanza y al ilustre Miguel Cervantes con su Don Quijote. Obras sublimes tan altas sujetas de estudio.
Cervantes con su Don Quijote claro, sencillo, simpático y risible impresiono tanto su causa, que hizo de la vida tres principios: Ser hombre, Ser intelectual ideal con justicia, y Ser cristiano. Ser hombre centro del mundo, Ser intelectual ideal cumpliendo a cabalidad la razón, y Ser cristiano viviendo en Cristo con fe en la bondad de su amor. Teniendo en los mismos, la Libertad vital transparente con plenitud humanística. Sentimientos energizadores de amor i de corazón hermosos admiradores, de la mar azul.
En El Quijote la locura otorga cósmica, fuerza viva, cuya lógica no es lógica de la razón, sino de la esperanza. La fe del Quijote es la que suple los vientos y los molinos de las astas. La realidad del Quijote es la ve y tiene frente a sus ojos. Aunque ante Sancho no es la que predomina al avanzar al ladrido de los perros. Don Quijote no ven sus ojos, sino lo que siente su alma, de ahí que su sentir i el de su vida, es la del amor soñado. Su adoración, su relación es la cúspide del amor sonado antes mencionado. No es el ojo del hombre, el que hace al hombre, es el hombre el que hace al ojo.
No cabe, indico Cervantes, apelar a lo real, para probar la asistencia de la razón. Toda verdad presupone un reajuste del pensamiento lógico. Lo sorprendente de Cervantes en Don Quijote es que conocía que la verdad, y la libertad de sus locuras en manos del Quijote, su asistencia literaria y de todo su galopar y caballería, lo cierto estribaba en la locura, y que no hay mas rábano en las hojas que aquellas que arden. La libertad vive en la lucha que se vive, el éxito estriba en la locura que se interpreta con razón. La coherencia del pensamiento lógico, se cohesiona con propiedad y no se obedece a las leyes, sino a las locuras que fomenta El Quijote. El éxito estriba en la ideologización del mundo loco que nos rodea como locura andante. La verdad de la vida está en la será que arde.